Una cola de tornado que pasó por Lincoln, en el noroeste bonaerense el jueves último, sumó problemas a los que ya tenían los productores de la zona, en especial los tamberos.

A María D’Andrea, un rayo durante la tormenta le mató tres vacas (en rigor, vaquillonas) a las que le siguieron otras dos que murieron por el calor. Además, por los 180 milímetros que cayeron en tres horas, las instalaciones estuvieron cuatro días sin luz. Funcionar con el grupo electrógeno aumentó los costos entre 40% y 50 por ciento.

El tambo de los D’Andrea tiene 64 años. La actual es la cuarta generación que lo gestiona. “Venimos súper mal, acumulando pasivo y perdiendo dinero. Una situación como la derivada de la tormenta desacomoda y desestabiliza”, dice a LA NACION.

El viento y la lluvia voló el techo de la sala de frío (con capacidad para 12.700 litros de leche). “Es un gasto más que no tenés pautado; la hacienda se mezcló y fue un trabajo extra. Todo un desastre, nos quedamos sin pastura y recién hoy dieron la luz y se habilitaron los caminos”, relata.

En la zona, además, el viento “arrancó” silos con alimentos adentro, volteó las columnas de luz, los boyeros y alambrados.

“Desde 2015 venimos con pérdidas y, con este Gobierno, con el que esperábamos una mejora, estamos al punto de quiebre físico y emocional. La producción cayó 37% en este período (en el establecimiento). No hay forma de recuperar los litros perdidos. Con la devaluación, los costos se dispararon y todo es todavía más cuesta arriba”, apunta.

D’Andrea asegura que, en los próximos días, la familia analizará si continúa o no con la explotación. El tambo produce 5800 litros diarios de leche y le vende a La Serenísima y a otra planta de la zona.

La Nación

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