Por su trayectoria que han marcado el desarrollo del campo y su cadena de valor, once referentes del sector fueron distinguidos.

 

Las distinciones que anualmente otorga Clarín Rural a personalidades destacadas de la actividad agroindustrial se han convertido en uno de los momentos más emotivos y esperados de la Exposición Rural de Palermo.

El objetivo, remarcado desde el inicio por su inspirador y ejecutor, Saturnino Herrero Mitjans, el inolvidable Nino, es darle visibilidad a esos héroes casi anónimos que forjaron la Segunda Revolución de las Pampas.

Hay hombres, hay mujeres. Entre éstas, tres muy importantes, que representan facetas muy diversas. Miriam Gallardo, investigadora, extensionista, formadora de talentos, que sigue generando y compartiendo conocimiento y contribuyendo a la transformación indispensable de la producción de leche y todo lo que tiene que ver con la calidad (y cantidad) del forraje.

 

María Fernanda González San Juan, que desde su rol de Gerente de Fertilizar y antes en la Asociación de Semilleros Argentinos impulsó los dos insumos tecnológicos clave en la enorme expansión agrícola de los últimos años.

Mariqui Lovera, una mujer devenida en contratista rural de primera línea. Ejerce la doble representación de la mujer y del contratista, dos columnas fundamentales del cluster agropecuario. Emociona con sus selfies desde arriba de la cosechadora con su hijita Benita, que vino al mundo el año pasado con un pan debajo del brazo y nos emocionó en la entrega del testimonio.

Entre los hombres, se distinguió a Hugo Sigman, que a su condición de gran empresario en el up y el down stream agropecuario suma una vocación particular por el arte y la cultura nacional. Pero también late dentro suyo un enorme corazón solidario.

Jorge González Montaner, un enorme ingeniero agrónomo que acompañó la evolución del trigo desde los años 80, con aportes sustantivos acorde a cada momento y cada entorno económico y tecnológico. Y fue mucho más allá de este cereal emblemático en su carrera, para convertirse en un investigador y hombre de consulta de todo el movimiento CREA y más allá de él.

Javier Prida, empresario avícola con pasión que nunca se preguntó qué estaba primero, si el huevo o la gallina. Lo que está primero es la promoción de todos los eslabones de una cadena de las mejores alternativa de valor agregado a la producción agrícola.

Luis Picat, un gran empresario agroindustrial, dirigente y ahora político (intendente de Jesús María, nada menos).

Hernán Ferrari, otro apasionado, ahora por los fierros y los electrones, que ya aportó muchísimo pero “nos debe” muchísimo más.

Alfredo Trucchia integrando una empresa familiar que va del tambo al queso en Pergamino, donde parecía que la agricultura se había quedado con todo.

Germán Di Bella, del impresionante equipo de Rio Cuarto que transformó una buena zona agropecuaria en un polo fenomenal de la nueva bioeconomía.

Y finalmente, Alejandro Petek, representando los 30 años de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) que conmovieron al mundo, mostrando que es posible otra forma de hacer agricultura, cono mejor huella de carbono y la reversión del fenómeno de erosión que azotaba a estas pampas cuando todavía torturábamos los suelos.

A todos ellos, nuestro sentido agradecimiento.

 

Fuente: Clarín Rural